EL LORO ESTEPARIO

REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año I. Número 0. 3 de febrero de 2003

SUMARIO
CINE
HABLE CON ELLA
HOLLYWOOD ENDING
LITERATURA
VIRGINIA WOOLF
GABRIEL CELAYA
CARLOS RUIZ ZAFON
PINTURA
WILLIAM TURNER
GALICIA, PUS MAI MES
MUSICA
JEAN SIBELIUS
ASTROLOGIA
INTRODUCCION HISTORICA
LOS SIGNOS
VALLE INCLAN
ESOTERISMO
TAROT
NUMEROLOGIA
QUIRON
DE PASO
VIAJES: SAN JUAN DE LA PEÑA
FOTOGRAFIAS
NOMBRES

Hollywood Ending (Un final made in Hollywood),

de Woody Allen.

Si por cine de autor entendemos aquel en que el director (en ocasiones, las menos, el productor) trata de unos temas concretos, siempre los mismos, dándoles mayor o menor relieve, unas formas técnicas similares y otras características que permiten reconocer la película como de este y no de otro, "Hollywood Ending" puede ser considerada como una obra de autor: eso no quiere decir que sea su mejor película, ni se da por sentado que sea una gran película.

Sí que es una película que recoge la mayoría de temas tratados por Woody Allen a lo largo de su carrera, algunos presentes ya en sus inicios, en la década de los sesenta, tras haber pasado de guionista de series televisivas al cine, con Casino Royale y sobre todo con su primera comedia propia, personal, "Toma el dinero y corre" (Take the Money and Run, 1969).

La historia de un director otrora premiado por la industria en horas bajas, que sobrevive dirigiendo anuncios que ni siquiera es capaz de acabar, y en quien solo confía, si es que lo hace, una aspirante a actriz, es un guión bien construido, como todos los suyos, sólidamente definidos, en los que no es fácil encontrar fallos. Otra cosa es que los argumentos resulten más o menos atractivos.

Entre las fuentes de inspiración de Mr. Konigsberg (Woody) está el cine negro de los años cuarenta. Este tipo de películas requerían de guiones consistentes, pues cualquier fallo en la trama se nota demasiado al seguir un proceso deductivo.

 

En este calamitoso estado se encuentra el director Val Waxman cuando su ex-mujer (Téa Leoni) propone su contratación para una superproducción, costeada por el productor triunfador por quien le dejó. El personaje es utilizado para analizar la relación entre el director independiente, si aun existe, y la industria, un mundo donde la creatividad queda supeditada al beneficio económico, aunque pueda ir disfrazado.

La mujer, inteligente, atractiva, que acude en su ayuda, es otro de los tópicos en sus películas. Una mujer a la que admira, a la que nunca llega a entender, pero es capaz de conceder la razón. Y que está ahí para servirle, para salvarle a él. Unas veces es una amiga, o la amiga o esposa de otro amigo, que se cruza en su camino. Otras, como en este caso, el la mujer que le abandonó, y a la que, aunque parezca comprender sus razones, nunca ha perdonado ni comprendido. Naturalmente, como ocurría en el cine clásico, vuelve con él, porque no puede ser de otra manera.

La otra mujer, la aspirante a actriz (Debra Messing), que vive con él y trata de subir a su costa, utilizando los métodos de aprendizaje más absurdos porque están de moda en el mundillo, es la otra figura femenina de su cinematografía: la ingenua estupenda físicamente, pero sin cerebro, deslumbrada por el mundo artístico y que sabe que su único talento es su cuerpo, del que se sirve para llegar (tampoco demasiado lejos, su ambición no es desmedida)

Las excentricidades del propio rodaje suponen una crítica ligeramente exagerada del ambiente cinematográfico, de los profesionales endiosados que se creen con derecho a exigencias peregrinas. Desde el propio director, que antes incluso de ser contratado ya está haciendo cambios en el guión, haste el director de fotografía chino contratado por este y cualquiera de los que intervienen en el rodaje.

Aunque Woody Allen haya afirmado en más de una ocasión que no hay nada de autobiográfico en sus películas, indudablemente algo siempre se cuela de las propias vivencias. La ceguera psicológica que sufre su personaje nada más iniciar el rodaje, causada por el pánico que siente al enfrentarse y no sólo con el proyecto que puede desbordarle y para el que busca ayuda, primero del traductor chino y después directamente de su ex-mujer. Ello no quiere decir que Allen se enfrente en ninguna de sus obras a una situación similar; más bien todo lo contrario. Pero sí al resultado final: que su público "natural", el americano, no entiende y sin embargo es aclamado en Europa, en Paris, a donde acaba emigrando con la chica para iniciar una nueva vida ("cabalgado hacia el horizonte") .

Otro aspecto a tener en cuenta es la interpretación. En la mayor parte de sus filmes, Woody Allen sólo los personajes principales están definidos: solamente estos tienen un desarrollo completo. Los demás son esquemáticos y a menudo caricaturescos, como el interpretado por George Hamilton, sólo están en función de su incidencia en la trama general. El director de fotografía, el agente, incluso el productor, son prototipos. La interpretación está pues de acuerdo con el papel: no son demasiado trascendentes (excepto el hallazgo del actor desenfocado interpretado por Robin Williams en "Reconstruyendo a Harry" (Deconstruting Harry, 1997).

La música es otra de las pasiones de Woody. Aún toca el clarinete, ahora en en el Café Carlyle. Y la elección de los temas musicales, siempre perfectamente integrados en la acción, es de gran importancia. Tanto el jazz de los años treinta como las canciones de Cole Porter o Glenn Miller forman el paisaje de fondo donde se desarrollan las historias. En esta ocasión, y al tratarse de una nueva versión de una película de los años cuarenta, el elegido el Porter, la banda sonora de la vida americana de la década. Su amplia cultura musical que ya le permitiera "crear" incluso la biografía completa de un guitarrista de jazz, Emmett Ray, con todo el ambiente de su época, contemporáneo de Django Reinhardt, en Sweet and Low Down, (1999).

Woody Allen es un director al estilo europeo, al modo de un Ingmar Bergman modernizado, es un AUTOR. Eso hace que sea amado y admirado por unos, los menos, y sobre todo en Europa, e ignorado por otros, los más, sobre todo la Gran Industria Americana. Aunque para sí quisieran muchos directores europeos, un desdén parecido.

© Enrique Barazon, 2003