REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año II. Número 19. Septiembre de 2004
La sombra de un secuestro (The Clearing)
Interpretada por ROBERT REDFORD, WILLIAM DAFOE Y HELEN MIRREN.
Dirigida por: PIETER JAN BRUGGE
El
Loro Estepario es un entusiasta de las películas que saben llevar un ritmo
cadencioso, que dejan tiempo al espectador para que paladee la belleza o
la emotividad del film, el buen hacer de los actores y el encanto de saber
engarzar las secuencias. Dicho esto, debemos añadir que no toda película
que transcurre con lentitud goza de esos atributos.
Lo arriba expresado ha sido motivo de reflexión, después de presenciar durante
casi dos horas, las aburridas peripecias de un hombre de clase media americana,
ex-triunfador en el mundo de los negocios y hoy en declive, tanto en el
plano social como familiar; un desengañado de cierta edad, que es secuestrado
por un antigüo trabajador de su Empresa.
El
primero interpretado a la manera de siempre por Robert Redford, es decir
con corrección y verosimilitud.
El segundo por el último malo habitual: Willem Dafoe, un actor que sería
capaz de mejores logros si recibiera encargos interesantes: es versátil
y eficaz.
La
tercera protagonista, o segunda, depende de a qué personaje se le dé más
importancia, es Helen Mirren actriz a la que hemos visto en un par de películas
recientemente y que a su vez, da cuerpo a un personaje nada fácil, el de
la mujer engañada por su marido, que mantiene la compostura y trata de hacer
lo mismo con su familia, mientras ignora la suerte que ha corrido su esposo.
Los
tres personajes protagonistas se nos hacen extraños al carácter latino.
Resuelven sus problemas sin un grito, apenas gesticulan y sin embargo no
gozan de la gran expresividad de los actores teatrales (por poner un ejemplo).
Los escenarios son interiores, a excepción de las secuencias del secuestrado,
en las que se puede disfrutar de lo desapacible que puede ser la naturaleza
en ciertas condiciones.
Algo de lo visto en esta película me reconcilia con su director. Sabe dar
al personaje de la esposa, de una cierta edad, la dignidad y la sabiduría
que puede otorgar el paso de los años. Eso sí, enmarcado en el lujo de unos
trajes de buen corte, el baño en la piscina, etc.
Pero quizá esto no baste para que el cuerpo deje de removerse impaciente
en la butaca.
© Mayte Gual, 2004
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