Siempre
hay algo que destacar en cualquier film, y en este nos quedamos con
inquietante música de Philip Glass, que arrastra todo el "tempo"
de la narración.
Y
con el estupendo trabajo de Ed Harris en el papel -angustioso- de
enfermo ¿terminal?, de SIDA.
También
con la interpretación, hasta divertida y puede que sea la única
en todo el film, que hace Jeff Daniels.
Muy
apropiada también la de Miranda Richardson que -aun sin parecerse
físicamente en nada a la Vanessa Bell de las fotografías-
consigue algunos planos que nos la recuerdan, sensación que
sin embargo no produce Nicole Kidman, al intentar retratar al alma
del grupo de Bloomsbury, pese a la excelente labor de maquillaje y
la perfección del "atrezzo".
¿Dónde
la gracia cautivadora y los chispeantes diálogos que distinguieron
a Virginia Woolf de otros grandes de la Literatura?