REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año II. Número 15. Mayo de 2004
Hace un par de años leí una novela de Belén Gopegui. Su título "Lo
Real". Recuerdo que entonces pensé que lo que de verdad le interesaba
a la escritora eran los mecanismos del poder. Del PODER con mayúsculas.
El protagonista de la novela asumía una identidad falsa a fin no de
medrar, sino más bien de no ser devorado por los lobos sociales.
La película “El principio de Arquímedes”
trata de lo mismo. No es un guión inspirado en la novela, pero
la guionista es Belén Gopegui y se supone que el tema le sigue interesando.
No he leído otros libros suyos, ni visto la película “La suerte dormida”
de cuyo guión también ha sido guionista, así que ignoro si otros asuntos
acaparan su atención cinematográficamente hablando.
“El
principio de Arquímedes”
destila inconformismo y ese punto de “rabia social” de quien siempre se
ha sentido pospuesto, apartado de la senda del éxito. Es una película denuncia.
No al estilo de Costa-Gavras, las denuncias de Belén Gopegui tienen un aire
más de andar por casa. Describe perfectamente las marrullerías, las
zancadillas que los conocidos – en este caso una vecina y amiga de la protagonista-
son capaces de poner con tal de conseguir el ansiado puesto directivo en
la Empresa.
Más tarde el problema incial, digamos individual, de relaciones personales,
se convierte en laboral, mostrando los entresijos de las distintas posiciones
en la empresa (las diferencias sindicales entre radicales y oficialistas,
con respecto a los cuales la película toma postura claramente).
El director de la cinta es Gerardo Herrero (Licenciado en
Derecho y Ciencias Políticas) quien también ha sido productor de un apreciable
número de filmaciones a través de Tornasol films, algunos tan conocidos
como Tierra y libertad de Ken Loach, El hijo de la novia (J.J.
Campanella), o La vida que te espera (Manuel Gutiérrez Aragón).
En dirección ha sido especialmente conocido por Malena es un nombre de
tango o Desvío al paraíso.
Las protagonistas principales son Marta Belaustegui
y Blanca Oteiza (esta última tiene un extraño parecido físico con Agata
Ruiz de la Prada) y ambas resultan convincentes en sus papeles.
La película se sigue con interés, sin embargo se echa en falta alguna historia paralela, una mayor descripción de los personajes secundarios, pues queda un tanto plana, a pesar de ser de factura correcta.