Puertas

Cerrando puertas.

Cada noche cierro puertas.

Cada noche me cuesta más cerrar tu puerta.

Cada mañana, al salir de casa.

Cerrar puertas,

para que nadie entre en mi soledad.

Cerrando, cerrando.

Sin dejar entrada.

Sin dejar salida.

De vuelta

Falta de tiempo para resolver problemas técnicos.

En cuanto me he desligado de obligaciones, o he cumplido con ellas, me he podido dedicar otra vez: he resuelto los problemas, he trasladado el sitio…, lo que no tengo muy claro es la continuidad.

Pero lo intentaré.

Reflexiones… si sirvieran para algo.

Una salida hacia ninguna parte.

Nadie me espera. No espero nada.

Sin fe y sin esperanza.

De todos los que me han dicho que hay que seguir adelante, ninguno me ha dado una razón.

Y yo no la encuentro…

Pausa

Lo de esta tarde ha sido una pausa en mis propias reflexiones.

La verdad es que el tema me parace poco interesante.

Y más del mundo del espectáculo en el que se ha convertido la úpolítica, que de lo que de verdad importa.

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Un buen argumento con mal final

A veces me ocurría: ir al cine y ver una película con un buen argumento, pero con un guión mal desarrollado, los actores eran malos, inadecuados o no se creían lo que interpretaban. Y el director, aun peor. 

Resultado: a media pelicula ya no se entiende nada, todo es bastante caótico y ha perdido el poco interés que pudiera haber tenido. 

No importa, piensas; otra mala pelicula, nada más. 

Pero sí hay algo más: se ha “quemado” el argumento. 

Cualquiera que sea capaz de desarrollarlo mejor, estará ya condicionado por este mal resultado. 

No estoy hablando de Cataluña, ¿o sí?

De todas formas, ahora ya estamos en la secuela, que suele ser peor.

Y como de todo ahora se hace la “precuela” (¿quién es el inventor de esta infame palabra?), en diciembre, elecciones: ASÍ EMPEZÓ TODO. 

Porque no esperarán otra cosa, ¿verdad? 

¿O encontrarán ahora los argumentos que antes no tuvieron?

Esperar

Esperar, ¿qué?

¿Que se cumplan los sueños?

Ya no tengo sueños. Solo pesadillas.

Esperar un cambio, o más  de uno.

Me habría hecho ilusión. 

Por ti, por que te sintieras orgullosa.

De una y otra espera.

Pero ahora, ya me da igual.

¿Me da igual? Tal vez, no.

Y si ninguno de los dos sale, tal vez me decida a cambiar por mi cuenta.

Sin necesidad de impulso exterior.

Soltar todas las amarras e irme lejos.

Para no volver.

Llevándome lo unico querido.

Es fa llarg, es fa llarg l’espera… Pau Riba.

Despertares

Pasan los meses en medio de una densa niebla, que parece que permite ver la realidad, pero no son más que sombras difusas. 

En todo  ves buena voluntad, gestos altruistas, buenas intenciones.

Todo lo vas asimilando sin análisis, sin procesar, lo vas almacenando. 

A ello contribuye el sistema sanitario, que trata de recuperarte, ocultando los síntomas, anulando voluntades. Lo de menos es tratar directamente el problema, si es que existe.

Pero pasan los días,  las semanas, los meses. Y uno se cansa de medicaciones inútiles y decide afrontar la realidad sin “ayudas” externas.

Y a la menor oportunidad, pienso por mi cuenta, reflexiono sin condicionantes emocionales. Falsamente emocionales, más  bien emotivos.

Y vuelven los recuerdos: los malos,  dolorosos, y los buenos; conversaciones, promesas, nombres que hay que rescatar del fondo de la memoria. 

Y valoro: cuántos de aquellos, de aquellas, quedan? Dónde están los que ofrecían tanto? Dónde estaban los que tenían que estar y no acudieron?

No los juzgo. Me duele, pero comprendo.

Comprendo que se trata de salvar el mal momento. Y que después, cada uno tiene lo suyo, que ya es bastante.

Y me duele, no por mi, sino por ella. Por aquellos que le han fallado. Algunos, otra vez más. Otros, como siempre.

Tampoco creo que esperase gran cosa de muchos de ellos. 

De otros, de los que de verdad importaba, sí.

No hay en mi ningun resentimiento.

Pero ya no me importan sus historias, sus escusas…, sus miedos.

Que no me hagan perder el tiempo. 

Los sitúo en el lugar que para mi tienen: al margen de mi vida. 

Y les dedicaré muy poco de mi tiempo, que tampoco es tan importante.

Y también me he dado cuenta de con quiénes de verdad podía contar, los que han estado a mi lado cuando se lo pedí, o sin pedirles nada. 

Los que me han tendido la mano para ayudarme a salir de las sombras.

Y aún no sé si les fallaré…

Caminando

Tenía que ver el mar. 

Esta mañana, solo había planeado un corto paseo, pero de pronto sentí la necesidad de acercarme al mar.

Caminando hasta el final de las Avenidas, al principio, por una ruta poco habitual.

Y me di cuenta, de pronto: por allí había pasado el domingo.

El tiempo y el espacio son cada vez más imprecisos.

Caminar, solo caminar. Cualquier escusa es buena.

A pesar del dolor.

Llevo conmigo las cámaras. Fotos de edificios, de árboles hoy. Y lo que pase por en medio.

A veces lo que pasa no está en el centro del objetivo.

El objetivo de la cámara tiene la ventaja respecto al ojo que no hay proceso mental: capta lo que hay.

Como en las anteriores sesiones fotográficas, la de Soller y la del pasado domingo, si hay un tema inicial.

El modernismo y la maraton, en concreto.

Pero el foco, a veces, se desvía. 

El dolor nunca tiene para qué.

Este verso, tan lúcido,  de Jorge Riechman, me acompaña desde hace años, desde la primera vez que lo leí.

Ahora es casi obsesivo. 

Me lo repito varias veces al día. 

Y “¿para qué?” es la pregunta final que doy como respuesta, tanto a los consejos propios como los ajenos.

Los objetivos deben tener un destinatario. Y yo no lo soy. Y yo no lo tengo.

Entre mis “objetivos” está la pintura. Hoy me he puesto a pintar.

No está mal. Se me van pasando las horas.

Pero me deja pensar.

Música 

Sabía que iba a pasar.

Esa era una de las cosas que tenía que recuperar, la música. 

Toda mi vida va unida a la música. 

Es una sucesión de canciones, de todo tipo, de todos los géneros. 

Pero sabía que iba a pasar, que me iba a doler.

Aunque no con cada canción.

Todas tienen algo de ti.

Y las que no, no me interesan. 

Lo tengo que superar, poco a poco.

Tengo que superar tantas cosas…

Un tras otra.

O no.

Y dejarme llevar…

Recobrar las tinieblas, la oscuridad.

Compartir

Conversaciones entrecortadas, donde no puedo aportar mis experiencias.

Porque tendría que compartirte, hablar de ti con quien no te conoció.

Y no es que me importe, al contrario. Son quienes más me han ayudado. 

Pero te quiero solo para mi.

Series de televisión que vimos juntos, la opinión que compartíamos o no.

Ni siquiera comento que no veo nada de eso, ni series ni películas,  porque no las comparto contigo.

No tienen ningun interés para mi.

Solo las veía por ti, por estar contigo.

Me ha preguntado la florista, gallega, si tus flores eran ya para…. eso.

Y, naturalmente, le he contestado que no.

Tampoco eso lo vamos a compartir, tampoco vamos a participar en sus rituales vacíos. 

Tú no estás con todos ellos. Tú estás aquí conmigo.

Para siempre.

Y siempre es todo el tiempo, mucho o poco, que yo esté aquí, que te lleve de mi mano.