Tercera parte.

Cuando se cierran las puertas, la vida transcurre a través de las ventanas.

29 de julio.

Dudas, todas las dudas.

Decisiones triviales que no acaba de tomar.

Tampoco las importantes.

Demasiado calor para salir, para pensar.

30 de julio.

Excusas más o menos válidas. Y planes, para hoy, para más adelante. Voluntad de cumplirlos… Incluso ahora estoy pensando ya en cambios.

2 de agosto.

Naturalmente, cambio de planes.

Cambio que espero no sea abandono.

Ola de calor, que se nota.

Una amiga, por sorpresa, esta mañana. Charlar una rato, abiertamente, si tiene tiempo.

Viendo imágenes de libros de texto antiguos, me ha llegado por un instante el olor de aquellos, nuevos, al principio del curso: mezcla de papel, tiza, goma de borrar.

Plan a largo plazo: siguiendo las pautas del curso, preparar un trabajo sobre los movimientos de apellidos entre los disponible en el libro y los recopilados en 1980/1990.

3 de agosto.

Mal día, otro mal día, incoherente, agotador por el calor, por la indecisión, porque anduve vagando sin rumbo, sin decidir, una vez más.

Solo un detalle: aquella bibliotecaria, tantos años después, de paso. El tiempo pasa para todos. Me pareció triste, abatida.

Cuando vuelvas, yo ya no estaré

y tendremos que dar mil vueltas

para volver a encontrarnos.

Y no recordaremos nada.

Y volveremos a vivirlo todo.

Más cabos sueltos.

Continuo con la recopilación.

Una de las melodías de despertador, “Ahora ya ves”, de Olga Román. “Ya sé cómo seguir adelante”.

No es cierto, ni sé si es eso lo que quiero, llegar a saber cómo seguir adelante.

Porque sé que no merece la pena.

Éxito inesperado (12-07-18). Alegría momentánea, alivio.

Y luego el vacío.

Miedo. Era lo que tenía, miedo.

Miedo a los demás, a no cumplir con lo que esperaban.

Sigo adelante, pero sigo sin saber cómo, ni para qué.

La verdad es demasiado simple; ¿para qué ir dando tantas explicaciones?

28-07-18

Ayer, caminata hasta el mar.

Por una ruta no habitual, hasta Can Pere Antoni.

Vecinos de meses atrás en su nuevo barrio.

Libros tirados en un contendor. La rabia de no tener cómo llevármelos. A la vuelta, ya faltaban algunos. Eran de Arte.

Y ellos, de lejos. No hay prisa, tampoco ganas.

Los planes se cumplen, ¿para qué?

Puigdemont, ejemplo de líder del siglo XXI. Salir huyendo y que otros carguen con las consecuencias. Ejemplo seguido por Rajoy. Ante los reveses, tierra de por medio. Que otro arregle el desaguisado.

Segundo día de caminata.

Calor, humedad.

Ruta habitual. Ocho kilómetros y medio.

¿Premonición? Me he encontrado con alguien con quien había soñado esa misma tarde. Y ni siquiera sabía si aún estaba por aquí.

(No estoy pasando todo lo que escribo: son nombres, personas que no tienen por qué figurar; y hechos sin ninguna importancia. Fin de la segunda entrega.)

Cabos sueltos

De forma dispersa, a lo largo de los días, voy tomando notas en cuadernos, en hojas sueltas.
La intención es incluirlas en el blog, pero parece como si no tuviera tiempo.
Y me sobra.
Aunque estudie cada noche.
Siempre debería encontrar un momento.
Voy a intentarlo.
Notas sueltas, fotos del día.
Salgo a caminar.

Tres rutas. Entre ocho y diez kilómetros. Con todo el calor y la humedad. Al atardecer.

Pero cada día me queda menos sol.

Cambiaré la hora de salida.

Molinar, Escollera, Son Armadams. Y un día, La Real, muy corta.

Ahora, sin más criterio que el cronológico, voy a recopilar las notas tomadas en las pasadas semanas. Si tengo fecha, pondré la fecha. Pero ni en eso soy constante.

No olvidar nunca de dónde vengo. Soy hijo de un albañil de vocación agricultora y a quien la necesidad y la modernidad empujó a la ciudad.

Mi primer maestro, un auténtico cerril producto del franquismo. Totalmente carente de aptitudes, de sensibilidad y de vocación pedagógica.

Porque el franquismo fue una dictadura entre rancia y patética, más que triste.

Vivir con los ojos abiertos y sin ver.
Abrir los armarios, los cajones, sin levantar la vista, para que las lágrimas no impidan encontrar lo que no busco.

Me estoy dando cuenta, poco a poco, de que no tengo conciencia real de casi un año de mi vida, el pasado. Mis recuerdos son muy puntuales y difusos. Gracias a la medicina legal. Hasta que no dejé los medicamentos, todo es una nube oscura, densa.

Sueño que caigo a un pozo, muy negro. Pero con la salida al alcance de mi mano. Ni siquiera lo intento, porque afuera no hay nada que me importe.

He conocido muchos “valientes” con un arma en la mano.

He aprendido a ver sin mirar.

Miedo a las palabras. Las palabras no hacen daño. Sí la expresión de las palabras. Ocultar la evidencia, disfrazar la verdad.

Ciego, invidente, minusválido físico visual. Desviándose de la definición, hasta llegar a la indefinición. Pero seguirá sin ver. Será CIEGO.

 

¿Por qué en el pueblo se deformaban los nombres? Afeando, casi siempre. El diminutivo, el apelativo, tiende a la mejora, al tono más cercano y afectivo. En el pueblo, no. Era más contundente.

(A continuación hay versos de canciones de Labordeta, de Aute, de Sabina… Ahora no las incluyo. Irán como encabezamiento de futuras entradas del blog. Versos y fotos.)

 

Y yo voy cerrando las puertas, porque se apagó mi luz.

Vivir a oscuras, vivir ciego.

 

Nunca hay segundas oportunidades: son otras. Cada ocasión se gana o se pierde.

Nada se repite.

La moneda cae de un lado o del otro.

Y casi siempre ha sido del otro.

Fin de la primera parte. Seguirá.

Puertas

Cerrando puertas.

Cada noche cierro puertas.

Cada noche me cuesta más cerrar tu puerta.

Cada mañana, al salir de casa.

Cerrar puertas,

para que nadie entre en mi soledad.

Cerrando, cerrando.

Sin dejar entrada.

Sin dejar salida.

De vuelta

Falta de tiempo para resolver problemas técnicos.

En cuanto me he desligado de obligaciones, o he cumplido con ellas, me he podido dedicar otra vez: he resuelto los problemas, he trasladado el sitio…, lo que no tengo muy claro es la continuidad.

Pero lo intentaré.

Reflexiones… si sirvieran para algo.

Una salida hacia ninguna parte.

Nadie me espera. No espero nada.

Sin fe y sin esperanza.

De todos los que me han dicho que hay que seguir adelante, ninguno me ha dado una razón.

Y yo no la encuentro…

Pausa

Lo de esta tarde ha sido una pausa en mis propias reflexiones.

La verdad es que el tema me parace poco interesante.

Y más del mundo del espectáculo en el que se ha convertido la úpolítica, que de lo que de verdad importa.

Continuar leyendo “Pausa”

Un buen argumento con mal final

A veces me ocurría: ir al cine y ver una película con un buen argumento, pero con un guión mal desarrollado, los actores eran malos, inadecuados o no se creían lo que interpretaban. Y el director, aun peor. 

Resultado: a media pelicula ya no se entiende nada, todo es bastante caótico y ha perdido el poco interés que pudiera haber tenido. 

No importa, piensas; otra mala pelicula, nada más. 

Pero sí hay algo más: se ha “quemado” el argumento. 

Cualquiera que sea capaz de desarrollarlo mejor, estará ya condicionado por este mal resultado. 

No estoy hablando de Cataluña, ¿o sí?

De todas formas, ahora ya estamos en la secuela, que suele ser peor.

Y como de todo ahora se hace la “precuela” (¿quién es el inventor de esta infame palabra?), en diciembre, elecciones: ASÍ EMPEZÓ TODO. 

Porque no esperarán otra cosa, ¿verdad? 

¿O encontrarán ahora los argumentos que antes no tuvieron?

Esperar

Esperar, ¿qué?

¿Que se cumplan los sueños?

Ya no tengo sueños. Solo pesadillas.

Esperar un cambio, o más  de uno.

Me habría hecho ilusión. 

Por ti, por que te sintieras orgullosa.

De una y otra espera.

Pero ahora, ya me da igual.

¿Me da igual? Tal vez, no.

Y si ninguno de los dos sale, tal vez me decida a cambiar por mi cuenta.

Sin necesidad de impulso exterior.

Soltar todas las amarras e irme lejos.

Para no volver.

Llevándome lo unico querido.

Es fa llarg, es fa llarg l’espera… Pau Riba.

Despertares

Pasan los meses en medio de una densa niebla, que parece que permite ver la realidad, pero no son más que sombras difusas. 

En todo  ves buena voluntad, gestos altruistas, buenas intenciones.

Todo lo vas asimilando sin análisis, sin procesar, lo vas almacenando. 

A ello contribuye el sistema sanitario, que trata de recuperarte, ocultando los síntomas, anulando voluntades. Lo de menos es tratar directamente el problema, si es que existe.

Pero pasan los días,  las semanas, los meses. Y uno se cansa de medicaciones inútiles y decide afrontar la realidad sin “ayudas” externas.

Y a la menor oportunidad, pienso por mi cuenta, reflexiono sin condicionantes emocionales. Falsamente emocionales, más  bien emotivos.

Y vuelven los recuerdos: los malos,  dolorosos, y los buenos; conversaciones, promesas, nombres que hay que rescatar del fondo de la memoria. 

Y valoro: cuántos de aquellos, de aquellas, quedan? Dónde están los que ofrecían tanto? Dónde estaban los que tenían que estar y no acudieron?

No los juzgo. Me duele, pero comprendo.

Comprendo que se trata de salvar el mal momento. Y que después, cada uno tiene lo suyo, que ya es bastante.

Y me duele, no por mi, sino por ella. Por aquellos que le han fallado. Algunos, otra vez más. Otros, como siempre.

Tampoco creo que esperase gran cosa de muchos de ellos. 

De otros, de los que de verdad importaba, sí.

No hay en mi ningun resentimiento.

Pero ya no me importan sus historias, sus escusas…, sus miedos.

Que no me hagan perder el tiempo. 

Los sitúo en el lugar que para mi tienen: al margen de mi vida. 

Y les dedicaré muy poco de mi tiempo, que tampoco es tan importante.

Y también me he dado cuenta de con quiénes de verdad podía contar, los que han estado a mi lado cuando se lo pedí, o sin pedirles nada. 

Los que me han tendido la mano para ayudarme a salir de las sombras.

Y aún no sé si les fallaré…