REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año I. Número 10. Diciembre de 2003
Me sorprendió recientemente TV.3 emitiendo una película basada en la obra de ciencia-ficción “Dune”, escrita por Frank Herbert en 1965 y que ha merecido un elevado número de traducciones y de ediciones. El ejemplar que leí hace bastantes años y he releído al menos otra vez, pertenece a una edición de bolsillo.
No es por tanto ninguna novedad hablar de esta obra. Mucha gente la conoce. Es más, creo que con ella pudo haberse dado un fenómeno similar al ocurrido estos últimos tiempos con “El Señor de los Anillos” a raíz de las filmaciones basadas en la obra de Tolkien, si la película de David Lynch hubiese gozado de tanta publicidad ...
De todos modos no fué la película de Lynch, que ya había visto anteriormente, la que emitieron por el canal catalán hace unos días. Se trataba de una nueva versión, compuesta por dos capítulos y rodada para televisión, que emitieron seguidos ( resistí más de cuatro horas y de haber empezado antes la hubiese visto completa, pero casi a las dos de la madrugada ya no sabía ni lo que contemplaba). En esta versión el duque Leto Atreides estaba interpretado por William Hurt, un actor a quien admiré durante mucho tiempo y que en la actualidad se prodiga poco.El director de la mini-serie es John Harrison.
Pero no era mi intención comentar las diferentes versiones filmadas a que ha dado origen Dune, pretendía hablar de la novela en sí. He señalado que con Dune hubiese podido pasar lo mismo que con “El Sr. de los Anillos” porque ambas constituyen un universo completo que se abre y cierra en sí mismo, con un elevado número de personajes y una trama muy bien urdida. Además en ambas se dan elementos misteriosos, mágicos, constan de sus propios dioses, etc. Eso sí Dune parece más futurista, a pesar de que nos hable de la aparición de un Mesías, un Profeta y además caudillo de su pueblo: Paul Atreides, el hijo del Duque Leto y de Jessica una especie de bruja-monja de las Bene Gesserit (algo así como una orden religiosa de videntes femeninas).
Mucha de la terminología que se utiliza suena a oriental: Shaddam IV es el nombre del Emperador, Muad´D ib es el título con el que se conoce al caudillo o dirigente de los Fremen y no es otro que Paul Atreides, los Fedaykin constituyen un tipo especial de guerreros dispuestos a la auto inmolación si llega el caso ¿no les parece conocido?. Caid es el título o rango dado a un oficial militar. Jihad Butleriano es el nombre con el que conocen a una cruzada contra los ordenadores o máquinas pensantes o robots conscientes, a resultas de la cual quedó abolido el uso de cualquier máquina fabricada a semejanza de la mente humana. (Pensemos en el espíritu de avanzadilla de Frank Herbert que en 1965 ya suponía el avance tecnológico de la informática y sus no deseadas consecuencias). Además el planeta Arrakis (Dune) es un inmenso desierto.
Pero sin ninguna duda, la protagonista principal de Dune es la especia o Melange cuyo consumo otorga poderes visionarios y al igual que las drogas humanas produce adicción. Esta especia constituye la mayor y posiblemente única riqueza de Arrakis. La especia proviene de los excrementos de un ser llamado Pequeño Hacedor y que es mitad planta y mitad animal y cuya forma adulta es el temible Gusano de arena.
Pero lo que más me fascina de la obra es lo mismo que experimento cada vez que leo una buena trama de ciencia-ficción. Y no es otra cosa que “el autor sabe....” y no es porque piense que lo ¿imaginado? ¿intuído? pero en cualquier caso escrito, tenga visos de realidad o posibilidad, pero ante ciertos libros y ciertos autores se tiene la seguridad de que no han escrito sobre ciertos temas por casualidad. Frank Herbert parece ser que se dedicó posteriormente al estudio de la ecología y las energías alternativas y seguramente ya pensaba en la desertización que muchas zonas de nuestro planeta sufrirían cuando ideó Dune.
Si alguien todavía no ha leído la obra éste puede ser un buen momento.
© Mayte Gual, 2003