REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año II. Número 21. Noviembre de 2004
He dicho que es una novela pero en realidad se trata de prosa poética con una apariencia novelada.
Las 651 páginas de que consta son tan enigmáticas como el propio país de procedencia del autor. China es un lugar objeto de nuestras fantasías, nos atrae, nos seduce y sigue siendo un misterio por mucho que veamos sus películas, leamos sus novelas o disfrutemos lo que de su comida conocemos en Occidente.
Este libro trata del viaje que su protagonista realiza a un lugar del que sólo a oído hablar durante un paseo en autobús. Con una excusa tan sencilla el autor nos sumerge en un mundo onírico, donde no se sabe muy bien si lo que se cuenta (innumerables y deliciosas historias, algunas muy reales, otras completamente imaginadas, retazos de leyendas, cuentos de brujas y fantasmas, tradiciones orales, etc.) es lo que el artista desea transmitir o si son otro modo de bucear en su interior, de confrontarse consigo mismo, porque es una obra humanamente muy profunda y de una sensibilidad exquisita, aunque muchas de las historias que cuenta son tremendamente crueles, pero nos conectan con esa "Montaña del Alma", ese lugar a veces inaccesible, pero que en ocasiones se nos revela inesperadamente, quizá después de una intensa búsqueda.
La montaña del alma o los retazos anímicos, la sucesión de dolor y de gozo, de duda, de fe, de humanidad, de santidad, de conformidad o de entusiasmo, una obra que puede leerse como una colección de cuentos, pero que calan como la lluvia suave en la conciencia del lector, pues a pesar de todas las diferencias culturales, el alma humana, como esa gran montaña es siempre la misma.
Gao Xingjian, nacido en China oriental en 1940 fue reeducado en los campos de su país y tuvo que quemar una maleta llena de manuscritos, antes de que pudiera exiliarse en Francia donde vive.
Es autor de relatos cortos, ensayos, teatro, etc. Sus técnicas narrativas no son las tradicionales en China.
Consiguió el Premio Nobel de Literatura en el año 2000.©Mayte Gual, 2004.
Volver al sumario