REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año I. Número 5. Julio de 2003
EL TOCADOR DE SEÑORAS
Casa fundada en 1985 ú 86
Rapidez y buen gusto a precios de saldo
(Así reza el cartel del susodicho tocador, pretensión de instituto de belleza o peluquería. Más bien tugurio de mala muerte donde el protagonista se eleva hasta adquirir condición de empleado).
Esta novela que hace reir o cuando menos sonreir desde la primera letra, título inclusive, ha sido elegida por el Gremio de Libreros como la más vendida, así que mucho más será la más leída y más reída del pasado año.
¿Qué puede decirse además de eso? Si ya es grato poder leer un libro que fomente el buen humor, inclusive la hilaridad más absoluta como en este caso, ya es el premio gordo que además esté bien escrito, que no recurra a tópicos, que presente un argumento original, etc.etc.
Debería ser novela negra porque habla de un caso de asesinato, tenemos un detective (el más surrealista del mundo) y además transcurre en Barcelona haciéndole la competencia a nuestro insigne Carballo. Pero es imposible, es blanquísima. Por muchas barbaridades que cuente, sólo apela a nuestros mejores instintos. ¡Bienvenido sea nuestro cutre remedo de Marlowe!
© Mayte Gual, 2003
"La Leona Blanca"
por Henning Mankell
Estamos ante un autor que lleva ya varios libros publicados en España. Es de nacionalidad sueca (nacido en Estocolmo), pero reside en Mozambique, donde ejerce de director teatral. Según indica la pestaña interior de la portada, son nueve los títulos escritos en los que tiene por protagonista al Comisario sueco Wallander, quien realiza sus funciones en la ciudad de Ystad.
La primera novela de esta serie que leí me produjo una gran sorpresa. Quizá fué esa la razón que me "enganchó" a las siguientes. El motivo fué el protagonista. Kurt Wallander es un detective de policía muy especial. Confieso que casi todos los autores de novela negra que me hacen comprar sus libros han creado unos protagonista con una gran personalidad. Es el caso de Poirot y Miss Marple (Agatha Christie), Sandro Montalbano (Andrea Camilleri), el inspector Maigret (Simenon), Pepe Carballo (Manuel Vázquez Montalbán) y el sagaz Plinio creado por Francisco García Pavón, quien también desprende un auténtico sentido del humor manchego..... Tengo algunos pendientes de conocer, de los que por una causa u otra he ido demorando su lectura (como Petra Delicado a la que espero echarle un ojo un día de éstos).
Pero estaba hablando de Kurt Wallander y el cuerpo de policía de Ystad. Distantes no sólo geográficamente de nuestra policía. Su carácter es totalmente distinto (ya sabemos lo que influye el clima en la personalidad). Estos chicos suecos (dicho con el mayor de los respetos) van sin armas, no pueden beber casi nada, ni siquiera en su tiempo libre (el saber que un policía se ha emborrachado es motivo más que suficiente para el despido del Cuerpo) y en fin, sufren grandes preocupaciones de órden filosófico, ético y moral. Además Kurt Wallander es un solitario y algo depresivo, con frecuentes sentimientos de culpa a los que no sabe muy bien hacer frente, y a pesar de ello o quizá por eso mismo, las novelas de Mankell transpiran humanidad y sentido de realismo. También me gustaron más las que menos se introducen en los asuntos políticos de otros países y se limitan a describir los "casos" policíacos y el trasfondo sueco. Por eso mis favoritas son las tres primeras que se tradujeron en España: "La quinta mujer", "Asesinos sin rostro" y "La falsa pista" y me han gustado algo menos "Los perros de Riga" y ésta de la que trato: "La Leona Blanca" quizá porque "Los perros de Riga" transcurre mayoritariamente en Rusia y "La Leona Blanca" en Sudáfrica y ya se sabe que es más difícil escribir sobre aquello que no forma parte de uno. Pero sin buscar más motivos, en estas últimas novelas aparece en menor número de páginas el comisario Wallander y lo hacen otros personajes menos atractivos. A pesar de lo cual se zampa uno las casi quinientas páginas de "La Leona Blanca" con plena conciencia de que si fueran seiscientas igual hubiera ocurrido.
© Mayte Gual, 2003