REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año III. Número 31. Septiembre de 2005
Tenemos una novela aquí de envergadura, de fuste. Y a un autor que siendo muy joven ya se ha ido. 2666 es pues su obra póstuma, su última novela. Puedo asegurarles que está bien escrita, nadie soporta una lectura de más de mil cien páginas si no es así.
En una nota los herederos explican que se ha publicado en su totalidad , para mayor respeto del valor literario de la obra y no separada en los cinco libros que la componen, tal como había indicado el propio autor ante la posibilidad, por desgracia cumplida de su muerte; movido por el deseo de dejar solventado el futuro económico de sus hijos.
En efecto consta de cinco libros independientes, pero que constituyen un todo, como esas partes de un rompecabezas: unas nubes, el personaje central, la casita junto al lago......, cada una con entidad propia, pero que al reunirlas forman el verdadero paisaje.
Como decía cada parte del libro es único y lo que evoca en el lector también. Me he divertido y bastante con la primera parte: “La parte de los críticos” especialmente con las andanzas de Pelletier (el francés) y de Espinoza (el español) y sus atípicas relaciones con Norton (de Inglaterra), goza de una suave ironía y sutileza en las descripciones de los personajes. Me ha enternecido la parte de Amalfitano, que contiene grandes dosis de aceptación de lo que bien o mal le depare la existencia (el personaje) y queda reflejado en el hecho de que cuelga un libro en el tendedero de ropa, por si el viento decide distribuir sus páginas.....ocurrencia que por otra parte, como explica el propio personaje, no es propia, otro la tuvo antes.
Quizá la que menos me ha interesado ha sido la parte de Fate, se me hacía lejana, menos interesante, pero más por mis propios gustos personales que por otras causas. Con la parte de los asesinos sentí el horror, a pesar de que Bolaño no se regodea en el dolor ajeno, la mera descripción constituye suficiente espanto. Tuvo el acierto de indicar los pasajes más duros con un estilo casi periodístico, que permite al lector alejarse un poco, mientras que en otros momentos se acerca a los personajes produciendo el efecto de una cámara. La última, La parte de Archimboldi, donde confluyen las cuatro restantes ha sido para mí la mejor. Tal vez por constituir el desenlace, pero también por realizar un cambio de registro, por describir ambientes totalmente diferentes y por otras muchas razones (me quedé prendada del niño-alga por ejemplo).
Este libro no deja indiferente al lector, a ratos es sorprendente, otros es muy duro, siempre muy lúcido, está muy trabajado y además es hasta didáctico, aunque imagino que esa no era una pretensión del autor. Tampoco es un autor rebuscado en su lenguaje, sin embargo lleva en todas sus páginas el sello de calidad.
© Mayte Gual, 2005
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