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Nakata parece un anciano medio chiflado o casi tonto, pero sabe hablar con los gatos. No sólo les entiende, también establece largos diálogos con los escurridizos felinos. Cuando era un niño se perdió en la montaña junto a un grupo de escolares. Todos sufrieron un desmayo que duró varios minutos. El suyo varios días. ¿Es esa la explicación? El joven llamado Cuervo habla con Kafka Tamura como lo hacen los amigos invisibles de los niños pequeños. Tal vez, aunque ya sea adolescente, casi un joven, aún no ha salido de su infancia. Pero Kafka Tamura es muy reservado y se ha endurecido por la ausencia de su madre y de su hermana que abandonaron su hogar siendo él pequeño. Los personajes que ocupan las 584 páginas de Kafka en la Orilla tienen todos algo sorprendente, extraño, mágico, a veces fantasmal, a veces carnal. Son inquietantes. Algunos parecen vulgares como Hoshino el transportista que siempre viste camisas hawaianas. Otros tienen nombres de anuncios como el Colonel
Sanders presto a aparecer o desaparecer sin explicación y el
siniestro Johnnie Walken y su criminal deseo de construir una flauta
hecha de cierto tipo de "almas". Pero todos irradian intensas
sensaciones. No se puede leer impasible esta obra. Y tampoco se puede
leer a ratos perdidos. Si se comienza la lectura es difícil
abandonarla.
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Se debe advertir que algún pasaje puede herir la sensibilidad del lector. Está escrita desde una aparente sencillez. El lenguaje de Murakami nos conduce de modo suave, casi dulcemente a lo largo de todos sus capítulos. Pero nos atrapa irremisiblemente. Es adictivo. Y nos deja sumidos en su melodía durante mucho tiempo después. Igual que esos fantasmas que una vez tuvieron vida propia, o los fantasmas de los jóvenes que una vez fueron, antes de hundirse en lo anodino de un vivir sin esperanzas. Todo eso y mucho más lo refleja Kafka en la Orilla con la sensualidad de una flauta japonesa. Además contiene grandes dosis de cultura musical clásica. Y grandes porciones de sabiduría, de filosofía, y de realismo cotidiano. La habilidad de Murakami consiste precisamente en hacer poesía con los materiales de uso más común. Y la de poseer un sutil sentido del humor. Y su lenguaje, exacto y depurado. Pero esas son sólo algunas de sus habilidades, las demás se descubren al recorrer las páginas de sus libros. En otro momento ya hablé de Tokio Blues, su
anterior novela. Suele suceder que cuando una obra tiene mucho éxito,
la siguiente pasa desapercibida. Pero Haruki Murakami rompe los hechizos
que no construye él mismo. Kafka en la Orilla ya tiene éxito.
Será difícil que otra posterior pueda superarla, pero
esperaré que el autor siga retándose a sí mismo.
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SUMARIO© Mayte Gual, 2007