REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año III. Número 26. Abril de 2005
Película escocesa que muestra la dureza de la vida de unas gentes habituadas a guardar sus emociones más íntimas. El deseo de una mujer de que su hijo tenga una vida lo más feliz posible. El padre ausente, marino en un barco que recorre el mundo. En la habitación del chico, un mapa desplegado cuajado de banderitas señala las rutas que su padre recorre; recibe cartas que su padre le envía desde los lugares que visita, aunque todas lleven matasellos de la localidad en que vive su hijo-gracias a una oficina de correos-.
Se plantea un problema: ¿es lícito engañar a un niño para que no sufra? A juicio de lo que aquí se expone, sí. Pero permítanme que tenga mis dudas. El guion hace que nadie salga traumatizado.
El pequeño protagonista es un niño que cae bien. Con frecuencia los niños que actúan resultan estomagantes (basta pensar en ese que "a veces ve muertos" o en el insufrible de "solo en casa"), pero en esta película se trata de un niño británico (supongo que escocés), no americano. Ahora recuerdo al protagonista de Billy Elliot que también es británico (creo que galés) y tiene el mismo encanto. Probablemente sea porque aunque actúen siguen siendo niños, se mueven como tales y hablan como lo haría un chico de su edad. Bueno, en este caso lo de hablar no. Porque Frankie es sordo y generalmente habla por signos.
Esta cinta refleja una sensibilidad que puede ser femenina por su temática, pero no cae en el melodrama gracias a la contención en los gestos y en los diálogos.
A pesar de que la mentira piadosa no sea educativa, las actitudes de los protagonistas sí lo son. Esta película sería recomendable para verla con los hijos o para hacer un visionado escolar.
Lamentablemente no ofrece demasiadas vistas de Escocia ni de la ciudad en la que se instalan Abuela, Madre e Hijo a vivir, apenas unas panorámicas de la bahía con unas enormes gruas y las moles de edificios, aunque eso sí también está el mar, como fondo imprescindible. La dirección y la fotografía (es buena) son de Shona Averbach.
Además de Frankie, interpretado por Jack McElhone, yo destacaría al actor que da vida al "padre de alquiler por un día", Gerard Butler que está ajustadísimo en su papel. El resto de actores también hacen creíbles sus personajes y el conjunto del film merece ser contemplado.
© Mayte Gual, 2005
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