REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año III. Número 31. Septiembre de 2005
El director y guionista es Montxo Armendariz y se ha basado en dos obras de Bernardo Atxaga, una es Obabakoak y la otra es El hijo del Acordeonista. Esta última la he leído e incluso hice un comentario sobre la novela en otra edición del Loro Estepario (ver Hemeroteca). Montxo Armendariz tiene la virtud de reflejar con gran fidelidad el espíritu vasco, pero también el de los forasteros residentes en esa comunidad, en el villorrio imaginado por Bernardo Atxaga.
La historia en realidad es el resultado de otras pequeñas historias que confluyen en esa, en cierto modo, misteriosa población, en la que se funden los verdes bosques de las montañas vascongadas, con el gris de las piedras que pavimentan las calles del pueblo. Todo ello maravillosamente fotografiado – como siempre – por el multipremiado Javier Aguirresarobe.
No les contaré el argumento, es preferible que lo sepan por Vds. mismos, pero algunas de las historias están muy bien descritas. Me ha sorprendido agradablemente la interpretación que realiza Pilar López de Ayala de la joven maestra, con un papel a mi juicio bastante más difícil que el de Juana la Loca, pues en aquel podía extralimitarse y en éste debía contenerse y sugerir más que demostrar y lo consigue, aparentemente sin esfuerzo.
Muy bien también los niños. Montxo Armendáriz es un verdadero artista cuando trabaja con niños. Lo hizo en Secretos del Corazón y vuelve a hacerlo ahora. Los personajes del hijo del alemán y de Ismael niño hacen que el espectador se identifique plenamente con sus vivencias, son espontáneos y divertidos, agresivos como corresponde al contexto, en alguna ocasión y siempre convincentes.
Pero sería injusto no señalar que todos los demás actores están muy bien en sus papeles respectivos, tal vez por sacar alguna falta, los personajes más forzados a mi entender son precisamente la protagonista Barbara Lennie y me deja algo indiferente Juan Diego Botto, aunque no puede decirse que no actuen de forma aceptable, pero es que los secundarios son maravillosos y pierden en el contraste. Desde Mercedes Sampietro, a Txema Blasco, pasando por Hector Colomé o Eduard Fernández o Lluis Homar, y todos los que no nombro por no alargarme en exceso constituyen un retablo perfecto para pintar la vida en un pueblo que según dice Atxaga es un pequeño mundo que habla del grande
Se ha cuidado mucho la ambientación, la banda sonora, (precioso el villancico cantado en euskera por la maestra y el alumno), el vestuario, etc. Y el ritmo narrativo también es el que se precisa. Parece enlentecerse cuando habla de historias pasadas y toma velocidad al actualizarse.
Sin duda una película muy digna y que sobresale entre el magma de tanta cinta prescindible.
© Mayte Gual, 2005
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