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Una niña con nombre de diosa: Isthar y su abuelo Bab´Aziz
que recorren el desierto para asistir a la gran reunión de derviches
que tiene lugar una vez cada 30 años.
Con asombro se asiste a las andanzas del anciano ciego, que ignora incluso
el lugar donde se celebrará dicho encuentro, pero ello no parece
preocuparle … con fe se encuentra lo que se busca …, solamente asistido
por su dulce y hermosa nieta. También encontramos otros personajes
interesantes como Osman que padece por haber perdido a su amada o con
un joven cuyo talento reside en su maravillosa voz.
Película de aparente sencillez, nos enfrenta a vidas cuyos destinos
son inconcebibles para nosotros los occidentales. Alguien que sale al
desierto y en su mínimo zurrón solo lleva unos dátiles
para paliar el hambre; que reposa sobre su propio turbante, que le sirve
de esterilla sobre la arena cuando siente sueño o cansancio… pero
también se presenta el ladrón que engaña y deja tirado
al pobre que confió en su buena fe. O la esposa que traiciona a
su marido a través de las cartas que lee de un admirador que la
requiere. A pesar de la extensión de arena que llega a abarcar
nuestra vista, la visión se hace más fresca al contemplar
algunos edificios donde se alberga la ansiada sombra. El film tiene belleza,
dulzura, hermosas melodías (aunque se ven pocos bailes derviches
con sus incansables giros).
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Solo por las escenas finales en que se aborda con
gran sobriedad y dignidad el tema de la muerte, ya vale la pena contemplar
esta película..
El film tiene belleza, dulzura, hermosas melodías.
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Solo por las escenas finales en que se aborda con gran
sobriedad y dignidad el tema de la muerte, ya vale la pena contemplar
esta película, es un canto al buen vivir. Altamente recomendable.
Ni que decir que todos los personajes son perfectamente creíbles,
destacando la actuación de Maryam Hamid como Isthar.
Esta es la tercera película de su director quien
obtuvo ya otros premios con las anteriores: Los balizadores del desierto
del año 1984 (premio Palmera de Oro en la Mostra del Mediterrani
de Valencia) y El collar perdido de la paloma del año 1991 (premio
especial del Jurado en el Festival de Locarno). Está rodada en
el desierto central de Irán y en el desierto de Túnez. Según
sus declaraciones la película se hizo con el ánimo de mostrar
que el fundamentalismo y el radicalismo no representan al Islam "como
la inquisición no representa la fe de Jesús". El sufismo
es opuesto a todas las formas de radicalismo. El sufismo es el Islam de
los místicos. Completa su idea con el siguiente dicho sufí:
"hay tantas maneras de llegar a Dios como seres humanos hay en la
tierra". Representa la dimensión esotérica del mensaje
islámico.
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