REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año III. Número 35. Enero de 2005
Una película recién estrenada y no precisamente de tema navideño, aunque curiosamente, algunos momentos de la cinta transcurren en esas fechas, en Canadá y en un ambiente por demás gélido y lleno de nieve.
Debo reconocer que esperaba algo mucho peor, más truculento y de decepcionante interpretación, pues a base de ver tanto metraje deleznable se acude con pocas esperanzas. La sinopsis del film es conocida por todas las carteleras: un excombatiente de la Guerra del Golfo (1991-92 para situarnos) es gravemente herido y reenviado a su país. Una vez allí es recogido en la carretera por un conductor un tanto peculiar y sin saberse cómo es acusado de la muerte de un policía que patrullaba por esa misma carretera: en el juicio que se sigue contra él es declarado no culpable a causa de locura y remitido a un manicomio donde se le dará un tratamiento con antipsicóticos y encierro forzado en una morgue.
Hemos visto otras películas que planteaban el tema del desplazamiento en el tiempo. Algunas de ellas pretendidamente cómicas: “Regreso al Futuro” y sus secuelas. Otras como “La máquina del tiempo” con mayor interés y otras más. Esta plantea una novedad:
¿Puede el uso de ciertas sustancias provocar un conocimiento del porvenir?. El desarrollo del guión – de la iraní Massi Tajedein- parece darlo a entender. Y también que saberlo previamente podría hacer cambiar ese destino por otro mejor. Recuerdo ahora la película Minority Report en la que el policía protagonista, al que daba vida Tom Cruise trataba, con sus habituales correrías (que bien mueve las piernas este chico), de impedir los próximos delitos, vislumbrados por videntes que sobrenadaban en una especie de piscina.
En la cinta que tratamos del director John Maybury las cosas ocurren sin pretenderlo, pues el doctor al que da vida el veterano Kris Kristofferson (apenas hay diferencias en su interpretación de la que realizó cuando era “Pato” el camionero) le hace ser el conejillo de indias de un experimento peligroso, al que se opone la doctora a quien da vida Jennifer Jason Leigh.
Están muy bien en sus papeles el compañero del manicomio Rudy, interpretado con gracia por Daniel Craig y por supuesto el principal protagonista Adrien Brody en el papel de Jack Starcks y cuyo físico se presta perfectamente a este tipo de personajes, pero que además goza de un buen desarrollo mímico para su elaboración. No entusiasma sin embargo, a pesar de su belleza, la co-protagonista Keira Knightley quien abusa de gestos y modos archirepetidos y de entender que el consumo exagerado de alcohol y cigarrillos es sinónimo de interpretar a un personaje “en crisis”.
La música –muy adecuada, no resta importancia al desarrollo del film- es nada menos que de Brian Eno (ex Roxy Music, colaborador en algún disco con David Bowie y productor de algunos grupos importantes como U2, pero especializado ya en bandas sonoras para el cine como en la conocida “Dune” de David Lynch.
Si bien el desarrollo es un tanto desigual y puede confundir con sus continuos saltos temporales, es mejor que la mayoría de cintas de este género (mezcla entre thriller y ciencia ficción) que hemos visto últimamente.
© Mayte Gual, 2005
Volver al Sumario