EL LORO ESTEPARIO

REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año II. Número 20. Octubre de 2004

CINE:




"EL TREN DE ZHOU YU". Dirección: Sun Zhou

Una película tradicional.

Zhou YuAsistimos en esta película a una muestra del cine tradicional chino, a algo que forma parte de su cultura: el desarrollo lento de la acción, pausado, pleno de detalles; los gestos, las miradas, dicen más que las palabras.

El argumento es simple: la relación entre una ceramista, interpretada con la eficacia de siempre por la gran estrella del cine oriental de la última década, Gong Li, y un tímido poeta de escaso futuro, Tony Leung Ka-Fai, paradigma del fracaso de la revolución cultural china.

El fondo: dos personajes que se aman a sí mismos en la imagen que el otro ha creado. La mujer, en su papel de musa, se niega a instalarse en la realidad, la que el tercero en discordia, el veterinario, le ofrece. El poeta, porque tiene a alguien que cree en él, que lo considera como tal, pero que debe mantener esta condición, también alejado de lo cotidiano.

Que nadie espere encontrar una visión real de la China actual: no es lo que pretende el autor, y sólo aparecen ligeros atisbos: los vertiginosos planos en los que se desplaza el tren, en contraste con las largas escenas de paisajes brumosos, semiocultos, de una belleza que se supone que está pero no se ve, solo son muestra del cambio precipitado y sin dirección definida.

Y también los deprimentes planos de los suburbios de la ciudad que sirven de fondo a los momentos más tensos de la relación.

Gong LiTodo lo demás muestra la China de siempre, incluida la Revolución, (que es, en definitiva, lo de siempre): la mujer se dedica a la decoración de cerámica, en la más pura tradición, aprendiendo las técnicas ancestrales.

Gong Li y Tony Leung Ka-FaiEl poeta, -trabajador de la cultura-, bibliotecario en una pequeña ciudad, a quien la necesidad llevará después como maestro en una aldea del Tibet, en la tradición lírica que puede remontarse a los poetas chinos como Li T'ai Po.

Puede considerarse que alguno de los rasgos que muestra la mujer, como su condición de trabajadora, el hecho de que fume (y fuma continuamente), o que sea ella quien tome la iniciativa en cuestiones amorosas ante un hombre tan pasivo como el poeta o su actitud frente al veterinario, son manifestación del abandono de costumbres y tradiciones: al contrario, la narración del director va en el sentido opuesto: la mujer en China siempre ha sido trabajadora; en el campo, en la artesanía,... en todo al mismo tiempo. El hecho de que fume (rasgo de modernidad), a los ojos de los demás no es más que una forma de llamar la atención, como revela la actitud en todo momento paternalista del revisor del tren.

Y su actitud decidida ante la pasividad del poeta, no deja de ser más que una apariencia, pues en realidad nadie avanza hacia ninguna parte, nadie decide nada.

Es pues una película en la misma línea que las realizadas por el más conocido de los directores chinos Zhang Yimou, con la misma Gong Li de protagonista y haciendo papeles idénticos, si bien las de este son de ambientación histórica, aunque referidas a épocas más cercanas, siguiendo las directrices del cine japonés, modelo que, por lógica cultural han adoptado, como el cine europeo puede seguir al norteamericano (o al francés, según los casos).


© Enrique Barazón, 2004
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