EL LORO ESTEPARIO

REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año I. Número 1. 6 de marzo de 2003

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POETAS

ANGELA FIGUERA AYMERICH.
Bilbao, 1902-Madrid, 1984


REGRESO


Salió a sembrar. Salió de madrugada.
Volvió al anochecido. Traía la simiente
Intacta y una sombra de plomo le seguía.
Salió a sembrar. Dijeron que era tiempo
De regresar y uncirse a la costumbre.
El era solo un rudo campesino.
Los ojos y las manos pegados a la tierra.
Y también la esperanza.
Su pequeña esperanza, justo para ir tirando
De un año para otro, de cosecha en cosecha.[...]
(De los días duros, 1953)

 

CARMEN CONDE
Cartagena, 1907-Madrid, 1996

En 1979 fue elegida académica de la RAE. La primera mujer que ocupó un sillón.

PRIMER AMOR.


¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia!
Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
Sin haberlo soñado, sin que nunca
Un ligero esperar prometiera la dicha.
Esta dicha de fuego que vacía tu testa,
Que te empuja de espaldas,
Te derriba a un abismo
Que no tiene medida ni fondo.[...]

 

SUSANA MARCH
Barcelona, 1918-1991


LA META.


He cambiado todas mis rosas
Por un lugar cerca del fuego.
Por el sosiego de mi alma,
La negra seda de mi pelo.
He vendido todas mis esperanzas
Por un puñado de recuerdos.
Mi corazón, por un reloj
que sólo cuenta el tiempo muerto.
Mi última moneda de oro
Se la di de limosna al viento.
Ahora ya no me queda nada.
Desnuda estoy como el desierto.
Un oasis de mansedumbre
Está brotándome en el pecho.
(de Poemas: Antología (1938-1959)


CONCHA DE MARCO
Soria, 1916.


SE VENDE UN PUEBLO SORIANO.


Un farol polvoriento y amarillo
Produce sombras acostadas en el callejón
Que vacilante sube entre las casas
De paredes vencidas,
Puertas de madera carcomidas y grises,
Hoscos silencios interiores,
Pavimentos que crujen en los pisos altos
Prontos a derrumbarse de fatiga,
Altas camas de hierro en que murieron
Parturientas y ancianas,
Hombres del campo atacados de tétanos.
Más allá, al volver una esquina,
Las luces del poniente ha puesto sus rescoldos
En la triste dulzura de los campos,
Traspasando las ramas de los chopos que humean
Con el tierno verdor de nuevas hojas.
Silencio de los pájaros y del pueblo desierto,
Sin niños ni campanas, espesas telarañas
Cerrando los boquetes de las puertas,
Palmas resecas de domingo de ramos,
Y mujeres de gastado y pardo luto, sin edad,
Sentadas a la sombra del humillado porche,
Las manos en la falda vacías de propósito.
Otras asoman tras postigos sin cierre
Y miran impasibles la apoteosis del atardecer,
Preludio de una noche como sus largos días,
Acurrucadas en oscuro rincón del hogar apagado,
Musitando rosarios de suspiros
Hasta el momento de hacer las sopas de ajo,
Cerrar cancelas de soledad
Y sumirse en el pozo del olvido,
Hasta el ajeno resurgir de la mañana.


(de Diario de la mañana, 1967)