REVISTA
CULTURAL Y DE OPINION. Año II. Número 18. Agosto de 2004
Nace en 1875 en Praga.
Residió en varias ciudades europeas, pero fue en el París de Valery, Rodin y Gide donde quedó hechizado.
Fallece en Suiza, donde se había establecido después de la Primera Guerra Mundial, en 1926.Todo volverá a ser grande y magnífico.
La tierra sobria, y las aguas onduladas,
Los árboles gigantes, los muros muy pequeños;
Y en los valles, un pueblo fuerte y múltiple
De pastores y labriegos.Y no habrá iglesias que encierren a Dios
Como a un prófugo, para luego plañerlo
Como a un animal preso y herido;
Las casas se abrirán a quien pida refugio,
Y habrá un sentir de ilimitada ofrenda
En todo quehacer y en ti y en mi.Ya nadie mirará más allá ni aguardará otra vida,
Tan sólo anhelarán no profanar la muerte
Y vivirán con entrega la vida terrena
Para no ser nuevos cuando vayan a parar a sus manos.
(De El Libro de Horas (1905). Trad. Joan Parra)
PONT DU CARROUSEL.
El ciego que está de pie en el puente,
Gris como un hito de reinos sin nombre,
Es quizá el objeto siempre idéntico
En torno al cual gravita lejana la hora estelar,
Y el silencioso centro de los astros.
Pues todo en torno a él yerra y fluye y refulge.Él es el justo que permanece inmóvil
En el arranque de mil consusas sendas;
La oscura entrada al inframundo
Para una estirpe superficial.
(De El Libro de las Imágenes (1906). Trad. Joan Parra)
BAILARINA ESPAÑOLA.
Como en la mano una cerilla, blanca,
Antes de llamear, agita lenguas palpitantes
Hacia todos los lados: así su danza circular,
Brusca, luminosa y ardiente, empieza, en medio del estrecho
Corro de espectadores, a desplegarse revoloteando.Y de repente es toda ella llama.
Con una mirada enciende su cabello,
Y de improviso, con arriesgado arte,
Arroja todo su vestido en ese incendio,
Del que surgen, como serpientes espantadas,
Los brazos desnudos, despiertos y castañeantes.Y luego, como si el fuego ya no le bastara,
Lo recoge en sus manos y lo arroja,
Muy altanera, con gesto arrogante,
Y lo mira: yace furioso en el suelo,
Y sigue llameando, y no se rinde.
Pero ella, victoriosa, segura y con una dulce
Sonrisa que saluda, alza la cara
Y lo apaga a pisotones con sus pequeños pies firmes.(De Nuevos Poemas (1907-08). Trad. Joan Parra)