REVISTA CULTURAL Y DE OPINION. Año I. Número 4. Junio de 2003
No te tardes, que me muero,
Carcelero,
¡no te tardes, que me muero!
Apresura tu venida
porque no pierdas la vida,
que la fe no está perdida.
Carcelero,
¡no te tardes, que me muero!
La llave para soltarme
ha de ser galardonarme.
Sácame desta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena:
Carcelero,
¡no te tardes, que me muero!
La primera vez que me viste
sin lo sentir me venciste:
suéltame, pues me prendiste
prometiendo no olvidarme.
Carcelero,
¡no te tardes, que me muero!
Considerado iniciador del teatro moderno en castellano, este poeta y autor teatral renacentista fue alumno de Elio Antonio de Nebrija y licenciado en leyes.
Entra al servicio del Duque de Alba, y es en el castillo de Alba de Tormes donde empieza a representar obras, tanto de inspiración popular como religiosas.
Es una de sus obras la que da el paso definitivo en la separación del teatro religioso del profano. En 1529 de ordena sacerdote y se establece en León, como prior en la Catedral. Aqui recopila su obra teatral y poética, que editará en su natal Salamanca.
El villancico se asocia popularmente con la Navidad. Esta asimilación le viene de uno de los temas habituales de la composición poética, aunque no el único.
Constaba de un estribillo, una estrofa y varias mudanzas. Puede haber tenido su origen en otra composición popular, el zéjel, de origen árabe.
Durante el Renacimiento, proliferó el tema profano polifónico a cuatro voces. Numerosos ejemplos se pueden encontrar en los Cancioneros: de Palacio, de Medinacelli, de Upsala... Sobre todo, Juan Vasquez o Vazquez se dedicó a este género.
En "Trovadores, Misticos y Románticos" (Ariola, 1990), Amancio Prada interpreta este villancico, junto con otros muchos poemas.