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Hace ya bastantes años acudí a un taller sobre cómo tomar contacto con nuestro niño o niña interiores. Eramos adultos todos los participantes, incluida por supuesto la conductora del grupo. Creo que sería de los primeros que se realizaron en Palma de Mallorca, tal vez hacia el año 1990 o 1991. El niño en su más pura esencia es alegría y diversión, curiosidad, gozo y deseo de expansión. Tal como dice la Dra. Jaqueline Renaud * “El niño nace usualmente de buen humor. Es feliz de vivir. Feliz, simplemente cuando se satisfacen sus necesidades primordiales. Está “programado” para ello”. Algunos pensarán que quienes creemos en la felicidad infantil estamos equivocados, que los niños sufren tanto o más que los adultos. Y cierto que es así, pero ese sufrimiento no es algo intrínseco al infante como tal; es por lo general consecuencia de su entorno. Digo “por lo general” pues hay casos en que el niño es depresivo desde la cuna. |
Son casos terribles en que ya hubo antecedentes familiares, grandes dramas o catástrofes durante la gestación, etc. –por no hablar de karma familiar- etc. Y aún en esos casos, hay en todos los niños (al igual que en todos los cachorros del mundo animal) un impulso vital arrollador que les conduce al crecimiento y ese impulso vital es vivido con un tremendo despliegue energético que conlleva gozo y optimismo. Otra cosa distinta es que el adulto no comprenda al niño. Muchas veces el adulto no entiende el “lenguaje silencioso” de la criatura. Los niños utilizan, también al igual que los cachorros animales, el lenguaje verbal y ese lenguaje es para el adulto moderno, por desgracia en muchos casos, un “lenguaje secreto” que no comprende *. Los niños tienen problemas igual que los adultos los tienen, a veces se vuelven agresivos*, otras parecen desinteresados o distraídos, tienen emociones igual que los adultos las tenemos, pero ese estímulo que la propia vida les incita hacia el crecimiento va acompañado de alegría y un genuino placer, que en muchos casos el adulto ha perdido o ha olvidado, o ha reprimido, todo ello viene a ser lo mismo. |
No siempre el adulto reprime a su niño interior. Ese niño está recogido en su corazón, como si éste fuera un estuche que guarda una joya: la joya más valiosa, la de la felicidad. En determinadas ocasiones el adulto se permite sacarlo al exterior y mostrarlo a los demás: Son los momentos en que disfruta más de la vida (habitualmente), por eso existe el “juego” en el mundo de los adultos. Aunque en muchos casos el placer genuino del juego está pervertido por características que no son propias del mundo infantil. | ||
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La esencia floral de Zinnia nos conecta con la alegría, la espontaneidad, la autenticidad. Es una esencia muy aconsejable para las personas que no dejan aflorar las expresiones auténticas, que siempre actúan según condicionamientos mentales, sociales, reprimiendo el juego inocente. Es la esencia floral que permite reir. Desde hace algún tiempo se realizan talleres en los que se enseña a la gente a reir, a “soltarse” a permitirse jugar. Se ha comprobado que la espontaneidad, el disfrute, el gozo, libera endorfinas que se cree están relacionadas con una forma de protección inmunitaria. La esencia floral de Zinnia puede ser muy eficaz cuando la persona vive como “encorsetada” en un mundo de deberes, de presiones, de responsabilidad, cuando la agenda, el reloj y el teléfono movil han usurpado el lugar que tuvieron la pelota, la muñeca o el parchís en nuestra infancia. |
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La esencia de Zinnia actúa a nivel del cuarto chacra, del corazón. Si bien las esencias florales no deben sustituir a los medicamentos que indique el facultativo o terapeuta adecuado al caso, sí podría utilizarse como coadyuvante en casos de estrés, de falta de autoestima, de pérdida de vitalidad, en algunos estados depresivos y puede beneficiar indirectamente al buen tono y ritmo cardíaco. Es igualmente aconsejable en quienes deseen entrar en contacto con el arquetipo del Niño Interior. |
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Bibliografía:
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©
Mayte Gual, 2006