SUMARIOEn este número empezaremos un ciclo que consta de cuatro análisis y que hace referencia al expresionismo alemán, así quizás podamos entender mejor el artículo referente a este movimiento que se publicó en la revista y que se puede encontrar en la hemeroteca o en el apartado de cine. Todas las películas de las que haremos algún análisis con este ciclo están editadas en DVD por “Divisa Home Video” (www.divisared.com) en una colección llamada Orígenes del Cine. Empezaremos este ciclo con Fausto de F.W.Murnau, que es, junto con Fritz Lang, el mayor exponente del expresionismo alemán.
Fausto: título original “Faust”, dirigida por Friedrich Wilhelm Murnau, escrita por Hans Kyser y producida por Erich Pommer para la UFA con fotografía de Carl Hoffmann. Basada en las obras de Johann Wolfgang Goethe y Christopher Marlowe. Intérpretes: Emil Jannings, Gösta Ekman y Camila Horn, estrenada el 14 de Octubre de 1926.
La secuencia que vamos a analizar tiene 2 minutos de duración y es la secuencia en la que Fausto llega a su casa, tras descubrir que su remedio contra la peste no funciona, y comienza a tirar todos los libros que tiene, ya que todo su conocimiento no le ha servido de nada.
En primer lugar estaría bien ver el análisis que hace Eric Rohmer en “L'organisation de l'espace dans le Faust de Murnau”, aunque quizás sería mejor leerlo después de haber hecho el análisis de la secuencia, para no tener la mirada ya dirigida a lo que nos diga, si no más bien poder comparar ambos análisis con posterioridad.
A lo largo de la secuencia, podemos apreciar como la luz tiene una forma circular, si bien esto no es así en todo momento, sí lo es de forma dominante, creando una especie de círculo oscuro que lo envuelve todo, al que llamaremos “anillo de oscuridad”.
Esto es algo que ocurre a lo largo de la película, no sólo en esta secuencia, es lo que denominaríamos el tono de luz (es la constante luminosa que existe a lo largo de la película, la cual debe respetarse para no “salirse de tono”), sin embargo, en esta secuencia tiene un mayor énfasis, especialmente al final de la misma cuando funde a negro muy lentamente sobre Fausto, como si sucumbiera ante la oscuridad.
Es por ello que este “anillo de oscuridad” equivale a la amenaza del mal, es la oscuridad que se cierne no sólo sobre Fausto si no también sobre los seres humanos en general y sobre nuestro mundo, ya que Fausto representa la única salvación posible para ambos. También utiliza la luz hacia el principio de la secuencia cuando Fausto tira libros al fuego por primera vez para mostrarnos que está cegado por la rabia, dejándole el rostro y la mirada en sombra.
Otra cosa importante que hace es que cuando Fausto, cegado por la rabia, tira el libro sagrado o divino (por llamarlo de algún modo) al fuego, nos distanciamos de él. Para ello utiliza el fuego y el humo como una separación entre la cámara (nosotros) y Fausto. Esto es necesario porque Fausto está actuando mal a sabiendas, y nosotros también lo sabemos. Debe haber un distanciamiento para no ser nosotros los culpables de los actos que comete Fausto.
Resulta increíble ver cómo en algunas películas el personaje principal actúa mal y a nosotros no solo nos parece bien que lo haga, si no que además le acompañamos en su hazaña en todo momento; con lo cual si uno se para a pensar en ello después de haber visto la película, se da cuenta de que falta de moral tiene dicha película.
Cabe decir que si no tuviéramos tal distanciamiento con Fausto tendríamos su punto de vista, dicho de otro modo, estaríamos tan cerca de Fausto que los actos que él realizara sería como si los realizáramos nosotros; es decir, seríamos culpables de sus actos, pero no nos sentiríamos culpables porque no nos daríamos cuenta de que lo que hace está mal (aunque en nuestro interior supiéramos que así es), ya que no tendríamos la objetividad necesaria para ello; se necesita tomar distancia para darse cuenta de las cosas, sólo si pensáramos en ello después de ver la película seríamos capaces de ello. Por eso mismo empezamos la secuencia dentro de la casa en lugar de entrar con él, para no tener totalmente su punto de vista y tener esa objetividad necesaria para ver que actúa mal.También es importante el hecho de que hasta que no tira el libro sagrado o divino al fuego no encuentra, o mejor dicho aparece, el otro en el que dice como invocar a Mefisto. Es evidente que hasta que no niega a Dios no se le aparece la posibilidad de entrar en contacto con el Diablo o Satanás (Mefisto). Además que el libro que le dice como invocar a Mefisto lo encuentre en el fuego tiene otro significado, porque a lo largo de la película el fuego (también el humo) va asociado a Mefisto, casi como si le perteneciera, es por ello que es realmente Mefisto quien lo ha preparado todo y quien le brinda la posibilidad de ser invocado.
También el que Murnau utilice el fuego y el humo para distanciarnos de Fausto supone que lo que nos separa de él es el mal, es decir que Fausto pasa a estar dominado por el mal mientras que nosotros nos quedamos al margen. Precisamente por eso la película termina con el elemento del fuego a punto de consumir a Fausto, porque Mefisto está a punto de conseguir su alma, es entonces cuando una intensísima luz blanca con forma circular lo envuelve a él y a Gretchen elevándoles hacia el cielo, salvándoles así tanto del fuego como del “anillo de oscuridad” al que hacíamos referencia antes o, dicho de otro modo salvándolos de las garras de Mefisto y del mal.
Para despedirme os dejaré una frase de Murnau que hace referencia a la dualidad de las cosas, especialmente del hombre, que es precisamente lo mismo que dice la película, la dualidad del hombre en cuanto al bien y al mal y como ambos coexisten en nuestro interior, con la posibilidad de elección que ello conlleva:
“Me gusta la realidad de las cosas, pero no sin fantasía, se deben sincronizar. ¿No es eso la vida, con reacciones humanas y emociones? Todos tenemos nuestros pensamientos y también nuestros hechos.”
©Sergio Matamalas, 2006